En Matematicalia
los poetagóricos
andan buscando hipotemusas
(pero se pierden
entre ramas hiperbólicas).
martes, 10 de mayo de 2016
martes, 29 de marzo de 2016
viernes, 15 de enero de 2016
Números Naturales
Uno es uno
y cada mañana uno es el Sol
que despierta mi calle
y hace que bostece,
perezosa y chirriante,
la persiana de la panadería.
Dos, los ojos míos
color ruiseñor
que siempre andan buscando nidos
entre las antenas
de los tejados.
Tres, decía mi abuela, eran tres
las hijas de Elena
(tres eran tres
y ninguna era buena).
Entonces,
cuando los números sólo servían para contar,
entonces mi cama
tenía cuatro esquinitas
porque me acompañaban
cuatro angelitos que tuvo la loba.
¡No!, que la loba
tuvo cinco lobitos
(¿¿detrás de una escoba??).miércoles, 13 de enero de 2016
El ancla
Como todos los jueves, pasaría
su hija a recogerla para llevarla al
eminente doctor Osvaldo Ruiz que con tanta inteligencia le estaba tratando la úlcera de la pierna. Cuando en el coche y durante el protocolo
de preguntas rutinarias tocaba saber si el sábado vendrían los nietos a comer, ya estaban dando la segunda vuelta de campana. Y quizás fue por la bandada de estorninos que cruzaba el
cielo, quizás no, lo cierto es que Dolores recordó que no había echado pienso a
las gallinas. Hay deberes que nos anclan a la vida. Cuando, al cabo de
cincuenta y cuatro días en coma, abrió los ojos, desconcertada, sólo pudo balbucear “las lluecas, las
lluecas”.
AGOSTO
Para cuando la niña Águeda
tocaba la aldaba de nuestra puerta el cielo ya era una lápida de mármol blanco.
La abuela nos sentaba a todos alrededor de la mesa camilla para que los pies
tocaran madera, desenchufaba el conmutador de corriente, cerraba ventanas y
contraventanas, esparcía sal y nos daba el pie para el Santa Bárbara bendita.
Pero Águeda, la niña, salía al patio como se sale a un deber antiguo y agachada
junto al sumidor retiraba la reja y
apartaba con mimo las piedras más grandes para que no se obstruyera. Eso fue
antes de la granizada del setenta y tres. La niña Águeda llevaba un vestido de
lino blanco de tirantes ribeteado con doble vainica y nunca volvió del patio.
La niña Águeda bendita.
Ejes Cartesianos
De poco les sirvió la coraza
a los acorazados.
Volaron en pedazos
las tres corbetas de la Royal Navy.
Cuatro lanchas de las FAC
(cuatro lanchas misileras)
se rindieron a la fragata Numancia.
Y, por fin,
es tocado, tocado, tocado.
Tocado y hundido
el portentoso portaaviones Kuznetsov.
Firme como sus tres palos,
la fragata Numancia
permanece aferrada
a sus coordenadas
en esta guerra imposible,
anacrónica y cuadriculada.
Pero,
triste broma del destino,
los mensajes cifrados de la celebración
son interceptados
y el mando superior (don Matías)
ordena la inmediata retirada.
La invicta Numancia es conducida
tras (el mapa de) la costa de Portugal
La fragata desaparece lentamente,
como el lamento de un fado,
entre un mar de papeles sucios y arrugados.
Descansa en
paz, gloriosa Numancia,
en la papelera de quinto A.
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