Contra la reja de nudo del balcón
de la casa frente al colegio
chirría el fósforo del cartel plastificado.
Se vende.
El ocre desconchado de la pared
se difumina
derrotado.
Se vende.
Como un latigazo en la memoria
una falla angosta
cruza la doble puerta de madera
-otrora bullicioso hervidero de niñas de uniforme-
y, junto a la impertérrita ausencia del viejo Marcos,
un agujero negro
se traga los chicles cheiw,
los chicles niña,
los polos de palo
y los fresones de gominola.
Cuando una peseta
era el precio de la felicidad
no había bazares chinos
ni letreros amarillos insultando la fachada.
Ni dolor en la retrospectiva.
Todo, entonces,
era presente.
martes, 24 de febrero de 2015
martes, 10 de febrero de 2015
del poemario El día más feliz de tu vida
Entre la feria y el frío
a los siete años
Octubre se desliza sutil
como un silencio afortunado.
domingo, 1 de febrero de 2015
Sáfrade la tejedora
Sáfrade, sirena mimada del Egeo,
anda perdida
como entre nostalgias de visillos
y ya no teje cestas de alga verde
a las
amazonas de Éfeso
ni trenza
anémonas rojas
para
amortajar a los naúfragos de amor.
Alguna
lágrima de su tristería deja hilos de plata salada
y entonces cose cenefas de encaje para las olas de Viernes Santo.
Desde su
trono de magma frío mira hacia lo alto
(un suspiro
se le escapa
a lomos de
un hipocampo).
Ay, déjate
la pena Sáfrade
que en la
tierra hay un gallo
de cinco
plumas
cada pluma
de oro y plata, la crestita de rubíes
pero en el
espolón una navaja, tan fina y afilada
que corta el
recuerdo a quien la mirara.
Yo no temo
al gallo, teje Sáfrade
su red de
hilo de llanto.
Ay, Sáfrade
que en la
tierra hay un toro negro
con siete
cuernos,
los cuernos son de un fuego que quema el alma;
el rabo es
de espuelas, espuelas de plata
que dibujan
la muerte por donde pasan.
Yo no temo
al toro , hila Sáfrade
en su huso
de coral el hilo salado.
Ay, Sáfrade
princesa de espuma y nada,
que en la
tierra hay una guerra y un niño llorando
(la madre
roba cebolla para amamantarlo).
Yo no le
temo a la guerra, teje Sáfrade
y una aguja de lágrima le pincha la mano.
Sáfrade deja
el huso, la red
y el llanto.
Yo sólo
quiero, padre,
un almendro
blanco.
Quiero una
abeja libando en la flor,
la flor de
papel,
de
papel sus cinco pétalos
y el tronco
fuerte, oscuro y sabio.
Quiero ver nacer
la belleza
y huir el tiempo humillado.
Y yo a la sombra del almendro, padre,
del almendro blanco.
Ay, Sáfrade,
niña de los ojos glaucos,
teje tu
sueño imposible en hilo de olvido pálido
que el Mar que todo lo puede no puede tanto.
domingo, 18 de enero de 2015
Vías del tren, paralelas
Por el raíl derecho
siempre hacia delante
camina erguida y decidida.
El hatillo es breve
y la juventud furiosa.
Eligió huir del hormiguero
y recorrer mundo
de estación en estación.
Sentir otros vientos
comer otro trigo.
Por el lado izquierdo
siempre unos pasos detrás
camina
prisionero de su propio miedo.
Porque no se atreve a hablarle
dibuja acuarelas depuestas de sol.
Y sueña con el horizonte
donde sus caminos se junten.
Y se den la mano.
Y hablen de amor o de nada.
Ay, coplita de amor imposible
que yo no te cantara.
Ay, vías del tren, paralelas,
siempre juntas, siempre separadas.Ay, vías del tren, paralelas,
martes, 30 de septiembre de 2014
El ladrón de fracciones
El vestido es amarillo
bordado el canesú
en punto de panal de abeja.
Banderitas de todos los colores
festonean el trozo de cielo
que cubre el patio.
Una gran mesa en el centro
-probablemente una puerta descansa
bajo el mantel de papel-
y una tarta,
redonda, inmensa,
invierte el orden del firmamento
(una Luna llena negra
sobre un universo blanco),
los ocho trozos levemente insinuados.
¡Las velas!
Cuando María vuelve con ellas
victoriosa y jadeante
¡Oh, no!
¡Falta un trozo de la tarta!
¿Pero quién se ha llevado
uno de los ocho trozos?
¿Quién ha sido el ladrón
el ladrón de un octavo?jueves, 22 de mayo de 2014
Querida hada madrina
La Sonatina es uno de los poemas más hermosos que conozco. Su ritmo, su dulzura, la estructura... A continuación presento un pequeño poema, imposible sin la sonatina. Más que un poema es una llamada a todas esas niñas que, sin darse cuenta, y bajo la Todopoderosa Disney y similares, quieren ser las princesas de un cuento con final feliz.
No, no y mil veces no. ¡Que no!
Que no quiero tener la boca de fresa
ni ser la princesa
que, más aburrida que
un mono,
sentadita en el trono,
espera que venga
en brioso corcel
un príncipe guapo y hermoso
a decirme palabras, palabras de amor.
¡Qué horror!
Pero sí, madrina,
sí quiero ser la princesa de la boca de rosa,
que quiere ser mariposa,
volar bajo el cielo
y tocar los luceros.
Perderme en un mar de nubes,
en un bosque de piruletas,
en un mundo de chuches.
Sí quiero ser la niña mimada
que bebe zumo de piña colada
y quiere ser periodista,
recorrer el mundo
entero junto a un circo de artistas
(conocer la tristeza de las hermanas siamesas,
al hombre forzudo y al león domador)
Sí quiero saludar a los lirios
con estos versos de mayo
y sembrar en mi jardín
un rosal trepador, trepador como yo.
Dejaré agua y panizo a los pavos reales
y volaré a lejanos
lugares,
hermosas y sabias ciudades,
a perderme entre fados o profundos canales.
¡Que no! Que no me busques un caballero
valeroso y sincero,
madrina querida,
que seré yo quién decida,
cuando sea mayor,
quién incendie mis labios con un beso de amor.viernes, 25 de abril de 2014
Contando voy, contando vengo...
...por el camino, yo cuento un cuento.
Así que en la Comunidad de Aprendizaje Entre Culturas hemos hecho una especie de circuito interno de cuentos, cuatro grupos se han dividido para ir por todas las clases, de manera que toda la comunidad ha escuchado el cuento Rosa Caramelo (¿por qué la elefanta Margarita tenía que ser rosa si ella quería ser gris como los chicos que podían jugar en el barro en vez de andar con lazos y puntillas por el jardín?). Y ha sido una experiencia muy gratificante, hermosa.
Así que en la Comunidad de Aprendizaje Entre Culturas hemos hecho una especie de circuito interno de cuentos, cuatro grupos se han dividido para ir por todas las clases, de manera que toda la comunidad ha escuchado el cuento Rosa Caramelo (¿por qué la elefanta Margarita tenía que ser rosa si ella quería ser gris como los chicos que podían jugar en el barro en vez de andar con lazos y puntillas por el jardín?). Y ha sido una experiencia muy gratificante, hermosa.
Etiquetas:
cuentacuentos,
experiencia educativa
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
