domingo, 11 de septiembre de 2016

La muerte de Antón Félix, nonagenario

Antón Félix pasó sus últimos tres días tumbado en la cama del hospital comarcal. Fulminado por un ictus en uno de sus paseos matutinos, Antón perdió la conciencia del ser casi en su totalidad. Percibía rumores, levísimos contactos. Y temblaba tal que, entre las sábanas blancas arrugadas, más parecía un pajarico abandonado en el nido. En esos tres días la piel se le adhirió al esqueleto y sólo un eco sordo como de motor ahogado lo hacía en el mundo de los vivos. A las 15.30 horas de la tarde del tercer día abrió la boca y se dejó ir.


Suele ocurrir

Algunos recuerdos asaltan por sorpresa,
escuecen como saetas envenenadas.
Duelen con ese doler de la memoria
que criba, escoge, aumenta y distorsiona.
y, como una pesadilla interrumpida,
se quedan tras los párpados
hasta que alguna realidad casual
(quizás el timbre)
los espanta.
Por un tiempo.


martes, 9 de agosto de 2016

Caracolico

Este es un cuento para ser contado, de los de siempre, para que los niños coreen y avisen a Caracolico. Para añadirle todos los elementos que se desee, cuanto más contextualicemos el texto en el entorno conocido del niño, más lo disfrutará. Vamos, pues.


CARACOLICO
Cuando Caracolico aterrizó en el barro después de saltar de la rama más alta de la mata de tomates lo único que consiguió fue un buen tirón de cuernecillos que le dio su madre “Olvídate de volar, Caracolico, que no tienes ni alas, ni plumas, ni pico”. Pero no, él no se podía olvidar, quizás porque desde que salió de su huevecillo había compartido la parcela con palomos de hermosas colas que, cuando se posaban en los cables del tendido, parecían guirnaldas que festonearan el cielo. O quizás por los escuadrones de estorninos que, al atardecer, se lanzaban en picado hacia los campos de cebada. El caso es que Caracolico deseaba ardientemente poder volar y Caracolico era un caracol romano muy obstinado. “¿Y qué si no tenía alas?” andaba pensando cuando oyó el zumbido que a veces producía la torre de alta tensión que estaba justo tras la parcela. Esta vez, además, se produjo una especie de chasquido que hizo que una bombillita se encendiera en la cabeza de Caracolico. ¡Claro! Se lanzaría desde lo alto de la torre, ¡¡ese sí sería un gran vuelo!!
Cuando, al atardecer, Perro Pastor pastoreaba su rebaño de algodones fijó la vista en un punto que se movía en la torre de acero y se sorprendió al descubrir ahí a Caracolico. Imaginando lo que su amigo pretendía le dijo: “Caracolico que estás en la torre, ten cuidado con el aire que corre”.”No te preocupes Perro Pastor del rebaño, que si me caigo no me haré daño”. Aún así, el perro se acercó al pie de la torre desde donde, al menos, lo acompañaría en su aventura.
Con gran esfuerzo pero feliz, Caracolico seguía subiendo cuando cerca de su lado pasó la paloma Coloma seguida de una bandada de palomos. La paloma, al verlo tan alto, le dijo “Caracolico que estás en la torre, ten cuidado con el aire que corre” “No te preocupes paloma Coloma que no me caigo ni en broma”. Aún así, uno de los palomos, Colombo, con el que tanto le gustaba conversar, sobre todo cuando le describía sus vuelos en los campeonatos, decidió quedarse cerca de la torre por si su amigo lo necesitaba.
La Cigüeña Ciconia que había regresado de África hacía pocos días andaba arreglando su nido cuando vio ya muy cerca a su buen amigo Caracolico y le dijo “Caracolico que estás en la torre, ten cuidado con el aire que corre”. Y era cierto que a esa altura el aire ya golpeaba con fuerza. “No se preocupe doña Cigüeña que la caída sería pequeña”. Y como gritó tanto para que la Cigüeña Ciconia lo oyera, la urraca Urrica Pica Pica que pasaba por ahí también lo oyó y se acercó a la torre. La urraca Urrica era una abusona que siempre andaba picando la cabeza de los pichones y molestando a los demás. “Caracolico que estás en la torre -le dijo riéndose- ten cuidado con el aire que corre” Y apretó el trasero fuertemente con la intención de soltar una cagarruta encima de Caracolico, pero el Aire Que Corre sopló fuerte, fuerte para desviarla y proteger al buen Caracolico que estaba a punto de conseguir su deseo. “No se preocupe doña Urraca,  que no me ha dado su caca”. Pero la urraca no lo oyó porque al apretar tan fuertemente guiñó tanto los ojos que no vio lo cerca que estaba la torre y se pegó un buen topetazo contra los hierros, tanto que perdió el equilibrio y cayó al suelo. “Pobre doña Urraca, se va a romper un ala –pensó Caracolico-. Voy tras ella para ayudarla.” Y sin pensárselo dos veces se tiró tras la pájara.
Todo sucedió my deprisa, Perro Pastor abrió su enorme bocaza y cuando Urrica ya estaba dentro temiéndose lo peor, Perro Pastor la depositó con mucho cuidado en el suelo, le había salvado la vida, o, al menos, un ala.  La urraca Urrica se marchó avergonzada. Mientras, Colombo  también había logrado que Caracolico no sufriera daño alguno extendiendo sus alas para recogerlo. La cigüeña Ciconia bajó al pie de la torre a comprobar que todo había salido bien y no pudo evitar ver cómo Caracolico miraba con pena hacia lo alto de la torre. Con la preocupación por la urraca, el pequeño caracol no había podido disfrutar su vuelo. Cigüeña tuvo una idea, lo cogió entre su pico con mucho cuidado, alzó el vuelo y lo llevó a dar una vuelta por los alrededores. Caracolico lo estaba pasando de maravilla, qué distinto ver las cosas desde arriba. Los campos, salpicados de pequeños espejitos de agua, cuadriculaban la tierra y los enormes olivos parecían ahora hileras de hormigas. A lo lejos, entre un espeso marco verde, le pareció ver una nube bañándose en un rectángulo de cielo, debía ser la gran balsa de riego de la que le había hablado Colombo. A su regreso, sin aliento y todavía maravillado, Caracolico anunció a todos sus amigos su nuevo y firme propósito: “¡Ahora quiero aprender a nadar!”. Perro Pastor movió lentamente la cabeza de un lado para otro y, finalmente, sonrió y dijo: “Caracolico, si vas a la charca ten cuidado con la rana que salta”.




martes, 26 de julio de 2016

Día del libro, contamos


En Entre Culturas, repartiendo escamas de Pez Arcoiris visitamos un montón de coles 




En CEIP  La Olivarera, libros, libros y más libros. Cada uno con su pequeño tesoro.



viernes, 22 de julio de 2016

Sima de dolor y vida

Hembra de luz, traslúcida.
Sola en mitad de sí misma
(isla de su propio nombre),
un día, que bien pudo ser martes,
una antigua realidad
bajó de la azotea y escupió
sobre el mármol travertino de su cocina.
Desde el centro del pentáculo dibujado
nueve veces descendió la oscuridad.
Y sintió frío.
Y lloró un llanto seco
Y quiso sacudirse a gritos
la incomprensión que le estallaba contra la piel. Y la quemaba.
Y de tanto revolver lo posible y lo imposible.
y de tanta humedad de lágrima
le germinaron semillas olvidadas.
Y un poco a tontas
y un mucho a locas,
hacia adelante, que es como tira la vida,
resulta que le están brotando jazmines,
jazmines en el pelo
como la Flor de la Canela.
Y sin saberlo mucho
y sin quererlo nada
Ella se está pariendo a sí misma
hembra de luz, traslúcida.


(dedicado a mi amiga de quereres y sinsentidos Elba)



martes, 10 de mayo de 2016

En Matematicalia
los poetagóricos
andan buscando hipotemusas
(pero se pierden
entre ramas hiperbólicas).