lunes, 4 de febrero de 2019

Navidad


Quizás diez, once como mucho. Aunque muy alta para mi edad, guardaba celosamente una infancia perezosa y mi padre iba a llevarme a ver la cabalgata. ¿Cómo que este año no iba a haber? No, eso no podía ser. Y bajamos la Cuesta de los Caños, y nos acercamos a la plaza del Caudillo, y no, no parecía que hubiera indicio alguno de desfile. Alguien del ayuntamiento debió compadecerse y abrieron el arca de los trajes reales e improvisaron tres voluntarios. Sin la más mínima solemnidad, Gaspar, Melchor y un Baltasar que parecía conocer muy bien a mi padre (“¡Hombre, Paco!”), se abrieron paso, a pie y sin fanfarrias, entre los minúsculos grupos de adultos indignados que llevaban de la mano a niños boquiabiertos de estupor. Sus majestades rodearon  la plaza y regresaron al ayuntamiento por la pequeña puerta lateral de la biblioteca. Volvimos a casa en silencio o, tal vez, mi padre hablaba sin parar. Yo sabía que, al llegar, sobre la colcha de Heidi de mi cama tendría los regalos de los Reyes Magos y, conforme subía la cuesta, sentía una tristeza profunda. Oscura, como el betún de la cara de Baltasar.


Microrrelato ganador del mes de Enero 2019 del certamen convocado por el Excmo. Ayto. de Hellin

jueves, 20 de septiembre de 2018

Estampa de mujer sentada a contraluz


                                                                 A la memoria de Vicenta Lorca Romero



Se te vuelven a enredar
los visillos en la mirada
mientras oscurece la tarde tu silueta costurera
contra la ventana.

En la quietud de la siesta complutense
se detiene el pespunteo
en el revés de la vainica doble,
y estira el hilo, como del aire,
el telón invisible de la memoria.

A las cinco de la tarde
regresa el sombrero de ala ancha
a la concupiscente sombra del tilo de la puerta de la escuela
a esperarte una respuesta.
Regresa la risa primera del primer hijo
que ya sonara a gorjeo,
algarabía de trinos en la Huerta de San Vicente.

Vacila la mano trémula
sobre el lino blanco de tu regazo
y se extiende hacia la voz
que cruza el portal de baldosas enceradas
(frescor de albahaca y barro).
A las cinco de la tarde
regresa Federico
con el mono azul de titiritero,
entre raudales de ternura desbocada,
a mostrar su caleidoscopio de sueños surrealistas y amores confundidos.
Regresa
a la Tarara, al piano y a la sobrina Isabelita.
_Madre _dice. Pero no lo dice,
No lo dice.


(Finalista en el XI Certamen de Poesía Mujeres Silenciadas "Argentina Rubiera", colectivo Les Filanderes)


martes, 24 de abril de 2018

miércoles, 14 de marzo de 2018

En abril presentamos el cuento ilustrado Lebrela



Lebrela nació en la Comunidad de Aprendizaje Entre Culturas y corrió por las aulas para regocijo de los alumnos y alumnas que tenían un cuento hecho a su medida. Ahora Lebrela emprende su viaje, Mónica y yo esperamos que corra por todos los colegios posibles,  siempre persiguiendo sueños.


Este álbum fue mención especial en el I Concurso de Cuentos Infantiles Ilustrados para la Igualdad y la Diversidad de Género del Ayuntamiento de Albacete.


La hija del verdugo enfermo


Al final supe que iba a acabar perdiendo la cabeza por ella.




No sé si volverán



Cuando el Flautista encontró a Mambrú, Hamelin quedaba ya lejos. El uno reparó en la flauta rabiosamente roída del otro y este no pudo por menos que fijarse en los maltrechos vendajes, aún húmedos de grana y oro, del joven soldado. Caminaron en silencio, les sobraban el tiempo y la decepción. La noche quiso ser meticulosa; el primer beso les dolió tan intensamente que recuperaron la vida.  Como diminutos rubíes, cientos de pares de ojos acechaban entre los helechos.






miércoles, 4 de octubre de 2017

Siembra tu voz, amor

Yo haré guirnaldas de colores
y las colgaré en las azoteas.
Haremos música de fiesta.
Haremos risa y velas en los rincones.
Vendrán los pájaros, vendrán, curiosos.
Vendrán los perros, vendrán.
Un gran lebrillo con vino y fruta fresca.
Y yo también sembraré mi voz
entre los perlados hilos de araña de las ramas del naranjo.
O tal vez, bajo el membrillo.
Se acercará la madrugada amorosa a vernos sembrar los surcos abiertos.
Sólo así, amor, sólo así,
llegará la fiesta de la cosecha.